Viene un extraño silencioso
que sin saber de mi
y de mis horas desoladas
me susurra seriamente q debo olvidar.
Como un pájaro absurdo
que deseara ser obrero.
O una mano débil
intentando progresar.
Así, livianamente
como todo extraño
me palmea el hombro
despidiéndome indiferente.
Uno de los idiotas q me habitan
siempre baboso y crédulo
me exigía creerle.
Pero nada he olvidado.
Y poco olvidaré.
Es simple,
no deseo perderme.
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